Mensajes similares transmitieron los obispos de Chile en sus homilías de Fiestas Patrias. Las movilizaciones por la educación y las desigualdades e inequidades existentes en nuestro país, fueron los principales aspectos abordados. Aunque también hubo algunos tópicos específicos, como el caso de Calama donde el obispo dijo que el desarrollo alcanzado en el país no ha llegado a esa comuna; o el de Chillán que mencionó algunas preocupaciones ambientales presentes en la zona.
Preocupados por las injusticias que se viven en nuestro país, se declararon varios obispos, como lo expresó el obispo de Rancagua, Alejandro Goic.
"En nuestro país, persisten aún injusticias, desigualdades e inequidades escandalosas. ¿No habrá llegado la hora de asumir de verdad caminos nuevos para construir una patria más justa y equitativa, donde se compatibilicen desarrollo, crecimiento sostenido y mayor justicia social?“.
Y puntualizó que “ello supone ponerse en el lugar de los que menos tienen y preguntarnos si podríamos vivir con ingresos bajísimos como una gran mayoría de chilenos tienen. Gran tarea tienen aquí los empresarios, particularmente, los empresarios con fe en Cristo. Gran tarea tienen aquí los políticos y las autoridades del país. Gran tarea tiene aquí todo Chile", recalcó.
En Temuco, el obispo Camilo Vial también tuvo palabras para referirse a la situación social del país, afirmando que "Chile es hoy una real y fundada esperanza (…) Chile tiene hoy todas las posibilidades de llegar a un desarrollo con rostro más humano y nadie puede restarse a esta tarea". Por ello, llamó a que la construcción de la Patria no se limite a la producción material sino más bien a que "el alma del progreso es el progreso del alma".
En la misma sintonía, aunque profundizando un poco más, el obispo de Iquique, Marco Antonio Órdenes sostuvo que los problemas del país, "no se encuentran en la lucha por el acceso a las condiciones mínimas para vivir. Chile, ha logrado satisfacer sus necesidades básicas, pero ahora tiene la urgente necesidad de calidad. Estas nuevas exigencias están en la base de los conflictos en salud, vivienda, educación, trabajo, etc. Y esta calidad, no puede ser sólo para algunos, sino que debe ser para todos. Hay necesidad de equidad. El crecimiento del país ha dejado cada vez más en evidencia que tenemos profundas desigualdades, que los recursos se distribuyen muy injustamente y que nuestros sistemas sociales y políticos, requieren de grandes ajustes si queremos crecer en equidad y calidad para todos".
Al respecto, agregó que en la economía y la política organizada internacionalmente ha favorecido modelos estructurales que están basados más en la codicia y la ganancia ilimitada, que en el servicio al desarrollo integral de las mayorías. "El mercado sin reguladores efectivos ha terminado regulando y cosificando la vida de las personas, y hoy son cada vez más numerosos los indignados por este sistema que se muestra eficiente, pero que termina generando ricos más ricos y pobres más pobres”.
Ahondando más el tema, el obispo Órdenes dijo que “en lo económico, vemos un país que crece, pero que no deja de tener una fuerte iniquidad, que se muestra reacia a ceder. Como tal, se refleja en diferencias abismales en la cantidad y calidad de los bienes y servicios públicos y privados que reciben los chilenos en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana: salarios, calidad de los trabajos, educación, salud, vivienda, pensiones, seguridad pública, transporte, etc. En todos estos campos hay expectativas por largo tiempo insatisfechas. Con dolor y vergüenza constatamos que ha habido abuso hacia los consumidores por parte de algunas grandes empresas financieras, del comercio, de los servicios, de la salud previsional”.
En Puerto Montt, el Arzobispo Cristian Caro también abordó este aspecto en su homilía, indicando que “ muchas voces, también la de la Iglesia, han hecho ver que las injusticias y desigualdades son una realidad escandalosa en Chile, pese al crecimiento macroeconómico. De otra manera, no se explicaría el malestar y la desconfianza que se ha hecho patente con motivo de las protestas estudiantiles. "Es una clara señal de que el crecimiento económico necesita ir de la mano de un desarrollo espiritual y cultural". Así decíamos los obispos de Chile el año 2008 (OOPP, 34).
No basta la lógica del mercado, de la producción y la competencia. Se requiere la lógica de la gratuidad y de la fraternidad, nos ha dicho S.S. Benedicto XVI en la Encíclica Caritas in veritate: "Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia. Se trata de una democracia económica en que "junto a la empresa privada, orientada al beneficio, y los diferentes tipos de empresa pública, deben poderse establecer y desenvolver aquellas organizaciones productivas que persiguen fines mutualistas y sociales" (n. 38)”, recalcó el arzobispo de Puerto Montt.
Legítimas demandas estudiantiles
Por cierto que las demandas estudiantiles también fueron centro de atención de las homilías que los obispos pronunciaron en el solemne Te Deum de Fiestas Patrias.
En Rancagua, el obispo Alejandro Goic dijo que mejorar la calidad de la educación es tarea indispensable, y formuló votos por el acceso a la educación superior de todos los que tienen dones y talentos, más allá de su condición económica.
A su vez en Temuco, el obispo Camilo Vial, recordando palabras del Cardenal Raúl Silva Henríquez, afirmó que” nada sacamos con mejorar los índices de economía o con levantar grandes industrias y edificios, si no crecemos en nuestra capacidad de amar”. Palabras que fueron complementadas diciendo que “seis temas agitan la conciencia nacional, seis temas que se entrelazan, que se condicionan mutuamente y que deben ser enfrentados en su conjunto.-la desigualdad social y las discriminaciones injustas, - la calidad de la educación, -la estructura política, -el fin al lucro, -el resguardo de la naturaleza en que vivimos, -una nueva relación con el pueblo mapuche y las etnias originarias con respeto de sus culturas y derechos.
En Iquique, el obispo Marco Antonio Órdenes sostuvo que una muestra de la indignación que se está viviendo en el país son los reclamos por la educación liderados por jóvenes estudiantes, “donde todos podemos ver que hay un hondo clamor por justicia, y que si bien muestra posturas radicales e intransigentes, en las demandas de base, hay un clamor por justicia compartido por casi toda la sociedad”.
También dijo que los distintos conflictos sociales “que vivimos dejan en evidencia nuestras serias deficiencias para escucharnos y generar soluciones justas. La clase política no ha tenido la suficiente generosidad para salir de sus posturas marcadas por defensas de intereses, no pudiendo aportar con verdaderas soluciones en la tierra del bien común, tal como lo demanda su tarea y compromiso social”.
“Algo nos pasa en Chile que genera una gran incapacidad de diálogo. Hay muchas apariencias del mismo, pero que tienen más que ver con el cultivo de la imagen y el marketing, que con un sincero encuentro de las partes”, afirmó monseñor Ordenes y aseveró que para dialogar “es necesario saber escuchar. Quien no logra escuchar, no puede emitir una palabra que sea oída con verdad por otros“.
“¿Es posible que podamos aspirar a la rectitud de la consciencia de todos los que formamos la vida social? ¿No es pensar en una utopía absoluta? Mientras haya capacidad de razonar en la naturaleza humana, siempre habrá una posibilidad para buscar lo que es justo, para fomentar el diálogo: recuperar confianzas, acercar posiciones, consensuar acuerdos, sabiendo como en toda negociación, que ello siempre implicará a las partes ceder en algunas de sus posturas”.
En Calama, el obispo Guillermo Vera, puso también énfasis en la situación que se vive en el Chile de hoy. “Vivimos también estas Fiestas Patrias en un año de gran agitación social. Los hijos jóvenes de esta tierra se han puesto de pie, y nos llaman a todos a darnos cuenta que, hay situaciones que no pueden esperar para ser solucionadas. En un Chile que ha avanzado tanto, donde el conocimiento, cultura y estudios han podido llegar a la mayoría de su gente, sin embargo nos damos cuenta que no a todos llega de igual manera y calidad, esto hace que las odiosas diferencias y desigualdades se hagan casi estructurales. Podemos quizá no estar de acuerdo en la forma y el tono con el cual se han llevado adelante manifestaciones que ya se hacen demasiado largas, pero sí creo que hemos de estar de acuerdo con lo que en el fondo ellas proclaman. La Educación que reciben nuestros niños y jóvenes ha de ser de calidad. Los fondos que el Estado proporciona para esta tarea han de ser convenientemente resguardados. Nuestros niños y jóvenes han de tener la certeza de que sus potencialidades y destrezas van de ser adecuadamente acompañadas y motivadas por sus maestros. Los padres y madres han de tener la seguridad que sus esfuerzos serán coronados con la buena formación de sus hijos, preparados así para enfrentar la vida con todas sus complejidades, independientemente de la situación económica que la familia posea”.
Mucho más lejos, en Puerto Montt, el Arzobispo Cristian Caro también ponía acento en las demandas estudiantiles.
“Las demandas juveniles por una educación de calidad, que no se mercantilice y que quede al alcance de cualquier joven bien dotado sin ser una carga ominosa para los padres de familia han sido respaldadas por una gran mayoría del país, que no aprueba, sin embargo, la intransigencia, la ideologización y los daños causado a los estudiantes, además del perjuicio a los locales escolares por las tomas, todo lo cual hace peligrar el año académico de miles de jóvenes. La educación, tarea prioritaria de los padres de familia, es complementada por los establecimientos educacionales del Estado o de los privados. En Chile se ha afianzado el sistema de provisión mixto en educación, ya que permite ejercer el derecho a la libertad de enseñanza, bajo la fiscalización del Estado, que debe regular el buen uso de los recursos fiscales tanto en los establecimientos estatales como particulares. Toda educación es un bien público y su objetivo es la formación integral de la persona humana cuyo destino no se agota en esta tierra sino que se proyecta a la eternidad. Por ello, no basta la inyección de recursos económicos o de infraestructura para mejorar la educación sino que se requiere valorar la profesión docente y dar una capacitación continua a los maestros para que sepan transmitir a los niños y jóvenes el amor a la verdad educando en los auténticos valores humanos, morales y espirituales. Para eso se requiere en cada establecimiento un proyecto educativo integral que considere a los padres de familia y a todos los estamentos y que ponga a la persona y su rol social como centro de la educación”.
El obispo de Chillán, Carlos Pellegrin también aludió a la álgida discusión que se ha generado en torno al tema educacional señalando que "el traumático torbellino social ha llevado a nuestra sociedad chilena a olvidar ciertos principios fundamentales que obligan al Estado, y los positivos pasos que se han dado, en las últimas décadas, para mejorar la vida de los ciudadanos e impulsar las reformas educacionales que faciliten la libertad de educación, en equidad y calidad".
Algunos problemas más específicos
Además de los temas centrales que marcaron las distintas homilías pronunciadas en los Te Deum celebrados a lo largo del país, algunos obispo también se hicieron cargo de problemas más locales, de inquietudes que afectan directamente a sus comunidades.
Como el obispo de Calama, quien hizo alusión a la situación que se vive en la comuna y que ha derivado en distintas movilizaciones en los últimos tiempos.
“Chile es el país que se nos ha regalado y que hemos de construir. Nosotros aquí reunidos hemos de realizar esta tarea en Calama, esta ciudad y región heroica que llamamos baluarte de chilenidad. Porque hemos de construir Chile en Calama, es que nos duele que el desarrollo que sin duda hemos alcanzado como nación, no haya llegado con toda su realidad hasta esta nuestra ciudad, por eso, apoyando el clamor ciudadano pedimos que con prudencia pero sin descanso se trabaje por allegar los fondos necesario para aquellas obras que consideramos prioritarias para el buen desarrollo de nuestra ciudad, los pueblos del interior y su gente. Más viviendas, lugares de esparcimiento sanos, la realidad de una buena sede universitaria, escuelas y liceos de excelencia, seguridad ciudadana, entre otras necesidades, son por las cuales de manera unida hemos de trabajar por alcanzar. Como todas estas cosas no se logran en corto tiempo, considero importante poder tener un proyecto serio de la ciudad que queremos y así entonces con el correr del tiempo las autoridades tengan claro hacia dónde dirigir los esfuerzos por los que la ciudadanía ya ha hecho una opción. No se puede estar siempre recomenzando. Para esto se necesita generosidad, altura de miras y acuerdos que se respeten independientemente de las autoridades de turno. Es bueno que se nos invite a soñar Calama, pero que se nos asegure también que esos sueños serán respetados y por ellos se trabajará. El Calama de mañana será lo que ahora decidamos hacer”.
En Chillán, el obispo Pellegrin también tuvo algunas palabras para abordas temas de interés provincial que tienen relación con el medio ambiente y las problemáticas que se han suscitado con la construcción del embalse La Punilla (San Fabián) y el asunto de los residuos arsenicales señalando que “como en el mundo entero, los temas relacionados al equilibrio ecológico no están lejanos a nuestra realidad y son muy sensibles para nuestra sociedad local. La defensa del medioambiente nace de reconocer en la Creación la mano misma de Dios, que nos encarga su cuidado...”
Por TBB
19 de septiembre de 2011.-
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